En esta serie de entradas os hablaré sobre la obesidad y puntos clave sobre ella, que creo pueden resultar muy interesante.
La obesidad es un trastorno crónico muy frecuente en la sociedad que cuenta con importantes consecuencias para la salud. Además, es una enfermedad fácilmente reconocible, aunque muy difícil de tratar. Pero, ¿qué es la obesidad? ¿cómo se trata? ¿cuáles son esas consecuencias tan importantes? ¿existe de verdad una relación entre la obesidad y la salud mental? Si quieres conocer la respuesta a todas estas preguntas, te animamos a seguir leyendo este artículo.
¿Qué es la obesidad?
La obesidad se define tomando como referencia el Índice de Masa Corporal
(IMC). Este se calcula dividiendo el peso (en kilogramos) por el cuadrado de la estatura (en metros). Se dice que una persona tiene sobrepeso cuando su IMC se encuentra entre 25 y 29,9 kg/m2. Por lo tanto, una persona con un IMC mayor de 30 kg/m2 se considerará obesa.
Existen tres tipos de
obesidad: obesidad de tipo I (IMC de 30-34,9 kg/m2), obesidad de
tipo II (IMC de 35-39,9 kg/m2) y obesidad de tipo III u obesidad
mórbida (IMC de 40 o más kg/m2).
Y, ¿tanta gente hay obesa para que sea un problema preocupante? En comparación con países como EE.UU., España no está tan mal. El porcentaje de la población adulta española con obesidad es de un 17,4 % (10,3 % en personas no adultas, menores de 18 años). En cambio, en EE.UU., esta cifra asciende más o menos al 27,5 % de la población adulta. Pero, por ejemplo, un dato alarmante es que el 44,3 % de la población adulta española tiene sobrepeso, acercándonos aquí mucho a la cifra estadounidense (55 %). A su vez, al igual que ha ocurrido en EE.UU., en España, la prevalencia de la obesidad ha tenido una tendencia ascendente en los últimos años.
Y, ¿tanta gente hay obesa para que sea un problema preocupante? En comparación con países como EE.UU., España no está tan mal. El porcentaje de la población adulta española con obesidad es de un 17,4 % (10,3 % en personas no adultas, menores de 18 años). En cambio, en EE.UU., esta cifra asciende más o menos al 27,5 % de la población adulta. Pero, por ejemplo, un dato alarmante es que el 44,3 % de la población adulta española tiene sobrepeso, acercándonos aquí mucho a la cifra estadounidense (55 %). A su vez, al igual que ha ocurrido en EE.UU., en España, la prevalencia de la obesidad ha tenido una tendencia ascendente en los últimos años.
¿Qué impacto tiene la obesidad en los individuos y en la sociedad?
Como hemos afirmado anteriormente, la obesidad es un trastorno crónico que conforma un grave problema de salud pública. Se han publicado numerosos estudios que confirman la relación entre la obesidad y el aumento de la mortalidad y la morbilidad (número de personas afectadas por una enfermedad durante un periodo de tiempo) debido a problemas de salud y enfermedades como la hipertensión (aumento anormal de la tensión), la dislipidemia (alteraciones en la concentración de lípidos como el colesterol o los triglicéridos, o concentración baja de colesterol rico en lipoproteínas, el «colesterol bueno»), la diabetes mellitus, la enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca, derrame cerebral, osteoartritis (desgaste del cartílago de las articulaciones, que ocasiona dolor y rigidez en ellas), algunos tipos de cáncer, irregularidades menstruales, etc.
Del mismo modo, la mortalidad general aumenta en personas con sobrepeso y, aún más, en personas con obesidad, en concreto, con obesidad de tipo II. Otro elemento que tiene relación con un aumento de la mortalidad y la morbilidad, junto con la obesidad, es el exceso de grasa en la región abdominal. Este se estima midiendo el índice cintura-cadera (división del perímetro de la cintura de una persona por el perímetro de su cadera, en centímetros).
Estas consecuencias no son únicamente médicas, sino que también entran en juego consecuencias sociales. Por desgracia, en la sociedad existe lo que se denomina coloquialmente «gordofobia» y esto se deja ver, por ejemplo, en desventajas a la hora de alquilar una casa, contraer matrimonio, etc. Del mismo modo, las consecuencias económicas también juegan un rol importante. Al menos en EE.UU., aparte de los gastos sanitarios que ascienden a un total de 100 mil millones de euros al año, también se traduce en que las personas obesas suelen percibir un salario menor.
Cuáles son las causas de la obesidad? ¿Qué factores influyen?
La obesidad tiene causas tanto genéticas como ambientales. Puede parecer sorprendente que la genética tenga algo que ver, pero se han identificado algunos productos génicos (sustancia que resulta de la expresión de un gen), como la leptina o la carboxipeptidasa, que pueden influir en el desarrollo y mantenimiento de la obesidad. Por ejemplo, los niveles de leptina en personas obesas suelen ser altos y se relacionan con la grasa corporal.
Algunos estudios han observado que, aproximadamente, entre el 30 % y el 70 % de la variabilidad del peso corporal está determinado genéticamente. Sin embargo, el otro porcentaje restante respecto a la variación del peso corporal depende de factores ambientales.
Seguro que también habréis pensado que por qué algunas personas engordan más que otras o por qué necesitan menos ingesta de alimentos para llenarse, ¡eso también depende de la genética!
La genética relacionada con la obesidad es muy difícil de estudiar, por lo que las causas de la obesidad también son difíciles de conocer. Pero, gracias a la investigación sobre ellas, se pueden identificar las vías que regulan la ingesta de alimentos y el gasto energético, entre otros. Esto nos ayudará a planificar estrategias tanto para la prevención como para el tratamiento de la obesidad. Del mismo modo, también se podrán usar fármacos para poder bloquear los efectos de los neuropéptidos (moléculas que pueden estimular, entre otros, el apetito o la saciedad).
¿Habéis oído hablar de la genética conductual? Hace referencia a la contribución de la variabilidad genética a comportamientos relevantes, como la alimentación y la actividad física. Algunos de estos factores conductuales pueden ser las preferencias en la dieta por las grasas, el intervalo entre las distintas comidas o incluso la predilección a hacer deporte.
Lo que seguro que sí os suena es el llamado «ambiente obesogénico». En las últimas décadas, la obesidad ha aumentado en todo el mundo y quizás esto se deba a que la población se ha visto sometida en los 30 últimos años a todo tipo de cambios ambientales dramáticos. Esto ha dado lugar a la creación de un ambiente «tóxico», promotor de la obesidad.
A lo largo de la historia, lo que ha predominado, más que la obesidad, ha sido la inanición, habiéndose creado así un fenotipo (rasgos observables de un individuo, determinados no solo por la genética, sino también por factores ambientales) eficiente energéticamente y al que le gusta la grasa. Esto hoy en día puede conducir a la obesidad, debido a la «ultradisponibilidad» de los alimentos altos en grasas y en calorías, unidos, además, a un nivel de ejercicio físico bajo.
Puede parecer irónico, pero dejar un hábito nocivo como el tabaco puede llevar a otra actitud insana como es la obesidad. Dejar de fumar suele ir acompañado de un aumento de peso, fruto de una combinación entre la disminución del índice metabólico (energía consumida por un individuo) y un aumento de la ingesta calórica. Sin embargo, obviamente, dejar de fumar tiene beneficios para la salud y, además, superan con creces las consecuencias negativas del aumento de peso. Este aumento de peso tras dejar de fumar se puede minimizar si se acompaña de un aumento moderado del ejercicio físico.
Fuente: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/10831462/
Comentarios
Publicar un comentario